¿Cuándo hay que poner en las manos de un niño un dispositivo conectado a internet?

En las sociedades occidentales más “desarrolladas” nos creamos problemas que, en muchas ocasiones, se pueden resolver con la utilización del sentido común.

 

Una de las preguntas que me plantean los padres y las madres (y los abuelos y abuelas) en las reuniones en las que hablamos sobre seguridad en las redes sociales e internet para niños y niñas suele ser la que encabeza este escrito.

 

Es normal que las personas busquemos una línea recta, un límite claro, cuando se hacen este tipo de preguntas. Algunas son contestadas así: ¿cuándo se puede votar? – A los dieciocho años. No hay duda, un día es que no, al otro es que sí.

 

Pero a la pregunta de la que hablamos no se puede contestar de este modo. No podemos decir “- A los seis años un niño o niña es maduro para manejar un dispositivo conectado de forma segura” Ni a los seis, a los siete, a los quince, a los catorce…

 

Entonces, ¿qué respondemos?

 

La respuesta se puede construir a partir de hacer una analogía con otra, que se plantea menos: ¿cuándo dejamos salir solos a los niños o niñas a la calle? Esta la tenemos claro. Conocemos el procedimiento: los vamos llevando en el carrito, de la mano, les enseñamos que el hombrecito verde del semáforo es el que indica que puede cruzar la calle. Les enseñamos a mirar a la derecha y a la izquierda antes de cruzar, si no hay semáforo. Les decimos eso de “no te fíes de quien te dé caramelos”, “si te pasa algo, si te pierdes, busca a alguien con uniforme, a un policía, y di quién eres” Les enseñamos su dirección, su número de teléfono, qué tienen que hablar y qué no con desconocidos. Y les vamos poniendo límites en su desplazamiento. Hoy es la calle, mañana el barrio, pasado (¡Ay!, qué mal se pasa) la ciudad.

 

Con qué edad pensamos que está preparado dependerá de muchos factores. De cómo seamos los padres, de cómo es la ciudad o el pueblo o la aldea, de cómo es el niño o la niña… Y muchos otros que no se me ocurren.

 

Construyamos la analogía:

 

  • ¿Le damos el dispositivo al niño o a la niña y los dejamos solos? – Es que les das el móvil y qué gracioso, cómo lo manejan.
  1. Tal y como no les dejamos andar solos por la calle desde el momento en que aprenden a andar.
  • Aquí viene algo complicado: el proceso de ir construyendo los hábitos de manejo del internet, de las redes sociales, debe ser un proceso acompañado. Los niños y las niñas no deben estar solos. Una tarea más que asumir, donde el dispositivo se convierte en una razón más para estar con el niño o la niña, hablar con ellos, ganar su confianza. Si es necesario, aprender de ellos. Ellos saben manejar los aparatos. Pero nosotros tenemos la experiencia de vida. Que no es lo mismo saber llevar un automóvil para un lado y para otro que manejar, que conducir… No es lo corriente, lo normal es darle el móvil al niño o la niña en el carrito para que no moleste y nos deje comer tranquilos, ¿no?
  • El proceso de internarse en ese mundo proceloso es un proceso crítico. Y el ojo crítico se entrena y se aprende, tal y como se aprende cuándo un coche está cerca y no se puede cruzar la calle.
  • Las redes sociales tienen normas que deben cumplirse. Hay edades mínimas para entrar en ellas, según cada una de ellas. Los padres y madres, los educadores, son los responsables de dónde andan y dónde no los niños y las niñas. Y hay que enseñar a respetar esas normas, tal y como se enseña a respetar las normas de circulación.
  • No hay que olvidar nunca que el responsable del niño o la niña es su tutor legal. Ellos no son responsables de lo que les suceda. Si tu hijo compra cien euros en el 4nite, el responsable es el padre y la madre, que no le enseñaron, acompañándole, cómo se hacía y cómo no. Estando con ellos, acompañándolos hasta estar más o menos seguros de que se manejaba bien. Tan responsables como de pagar, si el niño o la niña rompe un cristal de un coche – carro – jugando a la pelota.

 

Podría seguir desarrollando esta línea de pensamiento sobre seguridad en internet y las redes sociales. Pero no quiero dar más turra. La turra, en capítulos cortos.

 

Mi resumen sería que no hay edad fija. Cada familia debe fijar la suya propia. Pero sí que debe ser cuanto antes posible, acompañando al niño y a la niña lo más de cerca que se pueda, para que llegue cuanto antes a la mayor autonomía.

 

Mi hija aprendió a usar un ratón antes que a andar. Encima de mis rodillas. Buscando imágenes con Altavista y con Terra en internet. Estoy seguro de lo que hace, sé lo que hace. Y comete sus errores y sus locuras, buscando límites. Como cuando anda por las calles.

 

 

Ángel M Martínez Geldhof

Maestro, Coordinador TIC

Voluntario de Andalucía, Compromiso Digital (Cruz Roja)